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Ojo con AQUIEN le des tu firma..!

By Julio Garcia | August 22, 2007

“Puse mi crédito para responder por el préstamo que necesitaba un amigo, ¡pero esa persona no ha pagado y ahora yo soy responsible de su deuda!”. Los que han sido víctimas de esta situación — tan común, por desgracia— muchas veces acaban con problemas de crédito, pierden el amigo y en ocasiones se ven forzados a asumir el préstamo de algo que no les interesa en lo más mínimo, como un auto o una propiedad. Como dice una frase muy sabia, “Sé justo con todos… pero no te confíes de todos”, y si ya te ha sucedido, mira la situación como una lección para que nunca más vuelvas a

cometer un error así. Lo siento mucho, pero en asuntos de dinero lo mejor es actuar con realismo. Una amiga mía siempre dice que la única persona a quien hay que prestarle sin pensarlo es a la propia madre de uno. Para todos los demás, allí está el banco.Y esto es mucho más cierto cuando se trata de ser cosignatario de una transacción financiera iniciada por otra persona, pues en este caso no sólo podrías perder tu dinero, sino también—quizás mucho peor—tu crédito.

A menos que estés con toda

conciencia dispuesto a asumir

la deuda de esa persona (y esto casi

nunca sucede), la respuesta para

una persona que te pide que seas

su cosignatario es un rotundo “no”.


Jamás pienses que decir “no” cuando se debe es algo negativo. Por el contrario—puede que sea la respuesta más sabia, no sólo para tus propios intereses sino, sobre todo, también a largo plazo para la persona que recibe la negativa. Sé que no va a caer bien, pero es lo mejor que puedes hacer para no arriesgar el dinero o el crédito que tanto trabajo te ha costado crear. Digamos que ya “metiste la pata” y tu amigo o pariente no puede o no quiere pagar el préstamo que consiguió gracias a ti para comprar, por ejemplo, un automóvil nuevo. Al ver que no se han realizado los tres últimos pagos mensuales, ya la institución que efectuó el préstamo estará lista para recuperar el auto. Tú —casi sin comerlo ni beberlo— te encontrarás metido en este lío por la irresponsabilidad de otra persona a quien quisiste ayudar (aunque, a decir verdad, hay un poco de irresponsabilidad de tu parte en firmar a nombre de alguien). ¿Que la persona no quiere dar el frente a la situación, y no sólo no responde a los acreedores, sino tampoco a tus llamadas por teléfono? Deja entonces tu orgullo a un lado y contáctala personalmente. Quizás así puedas hacerle entender su responsabilidad en este asunto y establecer un plan de pago acceptable para el deudor, el acreedor y tú, lo que te quitaría un gran peso de arriba. Si la gestión es inútil, vas a tener que darle tú la cara al acreedor y ver cómo mejor arreglas tu situación. Si tu amigo (quien dejará de serlo de ahora en adelante) lleva ya varios meses sin pagar y el acreedor amenaza con apropiarse del vehículo, probablemente te convenga ponerlo a tu nombre y continuar tú con los pagos.Aun cuando ya tengas un auto con el que eres feliz, una buena solución sería venderlo y usar ese dinero para que te ayude en el refinanciamiento del otro. No es lo ideal, pero no tienes muchas salidas que digamos. Supongamos que esta solución no te es posible debido a que no tienes los fondos o el crédito para hacer el refinanciamiento. En este caso, piensa: “¿Conozco a alguien a quien le pueda convenir esta oferta?” Quién sabe si tienes al alcance de tu mano una persona conocida que se entusiasme con el vehículo y el precio, y a quien le gustaría asumir la deuda o refinanciar nuevos términos con el creedor. Claro, si la cantidad que se debe en el auto es más de su valor total, posiblemente tendrías que hacer el sacrificio de poner dinero de tu parte —es decir, pagar una nueva entrada— para que esta transacción funcione. Aunque esto te parezca terrible, aún así es mejor que esperar a que el acreedor se propie del vehículo y lo venda en subasta. ¡Esto sería desastroso! Si lo vendes por menos de su costo — que es lo más seguro que suceda—, tú tendrás que pagar la diferencia, además de los honorarios legales (¡Y te quedarás sin el auto!). En ese caso, si esa diferencia no llega a la cantidad que es necesaria para establecer una demanda legal, podrías llevar a tu examigo a la corte de pequeñas reclamaciones, preparar bien tus papeles y rogar porque luego se establezcan las presiones legales para sacarle el dinero que debe. Mientras, tú tendrás que seguirle pagando al acreedor y tu buen

crédito se habrá ido por la borda. Lo siento, ninguna de estas soluciones es ideal para ti, pero cuando estampaste tu hermosa firma en el papel del contrato te expusiste a eso. Es una lección difícil, pero que te puedes ahorrar desde ahora si lo piensas dos (y tres y cuatro) veces antes de servir de cosignatario de un préstamo… ¡Y después de pensarlo mucho, de todos modos di “No”!

Topics: AHORRO, CREDITO, EDUCACION | No Comments »

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